Budismo comprometido


"Si tuviera que elegir entre el budismo y la paz,
sin lugar a duda elegiría la paz."
x                                       ( Thich Nhat Hanh )
 

 
"La comprensión de que somos básicamente seres humanos semejantes que buscan la felicidad e intentan evitar el sufrimiento, es muy útil para desarrollar un sentido de fraternidad, un sentimiento cálido de amor y compasión por los demás"
 
x                                       ( Dalai Lama )
  

  
En el corazón del boddhisattva existe un verdadero compromiso con la Vía del Buda, y la práctica del Buda no es otra cosa que un sentimiento real de compasión hacia todos los seres.
 
El Budismo Comprometido nace desde el corazón y podríamos denominarlo como un budismo-activista, siempre vivido desde la paz, la libertad y la tolerancia.
 
No serviría de nada nuestra práctica, si cerráramos los ojos a lo que pasa a nuestro rededor. Sinceramente, creemos que un mundo mejor es posible, por eso, siempre apoyaremos a los seres más desfavorecidos, el respeto a los derechos humanos y a este maravilloso planeta azul, que hemos heredado de nuestros ancestros y que ahora está en nuestras manos entregarlo a nuestros descendientes en condiciones favorables.
 
Actualmente, el budismo es múltiple, plural, diverso, complejo. En Occidente se codean monjes zen, lamas tibetanos en el exilio, monjes cambodjanos y sri-lankeses de la escuela Theravada... Disparidad de enseñanzas, yuxtaposición de escuelas. Sin embargo, después de algunas decenas de años, está tomando importancia una nueva corriente de pensamiento budista que traspasa todas: el Budismo Comprometido. Este movimiento pan-búdico, que no ha surgido de una escuela particular y que encontramos tanto en Oriente como en Occidente, expresa una postura innovadora: un budista puede (o mejor, debe) comprometerse con el fin de concretar un ideal de sociedad justa y equitativa, libre, y es aquí donde reside una de las novedades, oponerse a las estructuras establecidas.
 
En el transcurso de la historia, los monjes budistas se han constituido la mayoría de veces en comunidades de personas en retiro espiritual y son raros los que han vuelto a poner en tela de juicio los sistemas políticos en los que evolucionaban, incluso los más despóticos. La conformidad de las comunidades monásticas con el orden establecido ha sido más o menos siempre rigoroso. Pero ¿podemos hoy en día contentarnos con enseñar una espiritualidad cuando los hombres no comen cuando tienen hambre, no tienen techo o abrigo o no tienen acceso a la educación? Así, ha aparecido el sentimiento de que los budistas también debemos responder a un sufrimiento más global que el simple sufrimiento psicológico o existencial. Que también debemos afrontar las desigualdades sociales, los problemas materiales, las dificultades económicas e incluso las opresiones.
  
  
  




























































































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