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El propósito de la meditación budista no es la mera tranquilidad o visión cabal, sino el despertar del sueño de la existencia. Este sueño de la existencia de un “yo" y un “mundo" está lleno de infelicidad debido a la insatisfacción, frustración, decepción, aburrimiento, fracaso, pérdida, insuficiencia y los millones de preocupaciones, ansiedades, depresiones que comúnmente llenan nuestras vidas. El envejecimiento, la enfermedad y la muerte es la parte más desfavorable e inevitable de este sueño. El que está despierto de este sueño no sólo es feliz siempre, sino también inmortal aquí y ahora, no después de la muerte. Por eso el Buda inició su misión de salvar, a aquellos con un poco de polvo en los ojos, del sufrimiento y la muerte, en las conocidas palabras:
 
“Abierta está la puerta a la inmortalidad".
Que aquellos que tienen oídos, escuchen, . . .
Y sean liberados por este sonido"

 
(Ariyamagga Bhavana)
 
 




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